SOBRE MÍ

Mi nombre es Elena Bravo, aunque prácticamente todo el mundo me llama Helen (entre las excepciones está mi madre).

Tras varias peticiones, muestro mi foto, en ella me acompañan mis tres perros: Nay, Cami y Micro.

Nací en Lagartera, un pueblo de Toledo y desde muy chiquitina, como no había forma humana de que mis padres me dejasen tener animales en casa (y mira que lo intenté), me buscaba las habichuelas y me iba a las casas de mis vecinos y no tan vecinos para pasar tiempo con los suyos. Gatos, perros, ratones, me daba igual. Cada tarde acudía a una u otra casa (porque eran varias) para poder acariciar, jugar y observar a esos bichillos peludos que absorbían toda mi atención e interés, me enseñaban, me devolvían cariño y secuestraban las innumerables horas ociosas de mi niñez.

Fui creciendo y marché a Madrid para completar mis estudios. Adopté a Bruno, un gato que me acompaña desde entonces. A los dos años vino adoptado Ramón, un gato leucémico que me enseñó lo que era esa enfermedad y que me planteó muchísimas encrucijadas morales pues el veterinario me aconsejaba dormirlo. Ocho años después, Ramón sigue conmigo.

Al acabar los estudios, durante algunos años me dediqué a trabajar en cuerpo y alma en lo que hasta entonces había sido mi profesión, el Diseño Gráfico. No voy a negarlo, me gustaba, incluso llegué a tener un puesto de responsabilidad, pero siempre echaba de menos dedicar más tiempo a los peludetes, así que, el poco tiempo libre que me dejaba el trabajo lo dedicaba a asistir y colaborar con asociaciones y protectoras de animales, echaba una manilla en los quehaceres y/o eventos. Por aquel entonces, mi casa se vio envuelta también en un ir y venir de gatos, fui casa de acogida de muchos (lo sigo siendo).

Vivía en un piso de Madrid, en pleno centro, me daba pena meter un perro por la poca calidad de vida que podría ofrecerle, pero echaba taaaaanto de menos tener uno... a grandes males grandes remedios así que, ni corta ni perezosa compré con mi pareja un chalé en las afueras (y tan afueras, a la provincia de Toledo que nos vinimos).

Nada más llegar y con casi todas mis cosas aún en las cajas tras la mudanza, apareció en mi vida Kaos, un perrete de la calle con tres años. Traía un apellido, Leishmaniasis. Dos meses más tarde llegó Nay, también adoptada, con escasamente un año.

Tras ellos nos convertimos en casa de acogida de perros, ofreciéndoles un hogar transitorio mientras encontraban su lugar definitivo en una familia.

Mi novio, ahora marido, en un ataque de locura económica (bendito ataque), decidió regalarme por mi cumpleaños un curso de adiestramiento y modificación de conducta canina. Y ahí empezó realmente el cambio drástico de mi vida...

Cuando algo te gusta tanto como son los animales y ves que puedes ayudar para que la comunicación entre perro-dueño fluya, que puedes mejorar la vida de ambos y que este tipo de cosas hacen que te sientas realizada como persona, ya no existe nada más, descubres que ese cambio es lo que te ha pedido el cuerpo toda tu vida, es algo así como salir de las cavernas que describiera Platón. Y eso es lo que hice... dejé el diseño y seguí estudiando más cursos y haciendo seminarios, leyendo todo lo que caía en mis manos y empapándome. Acudir a protectoras y rodearme de muchos perros en casa me enseñaba a conocerlos más, aprendiendo de ellos y sobre ellos en todo momento. Aparqué el ordenador para ser feliz haciendo lo que más me gusta, ahora sí paso mi tiempo libre y no tan libre con animales.

5 comentarios:

  1. Guapísimosss!!!
    Davo les echa de menos ;)

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    1. Para mí los más guapos (ya sabes, amor de madre :P) e irrepetibles!!, es lo bueno que tienen los perros sin raza :)

      Seguro que a ellos también les encantaría reencontrarse con Davo (sobre todo a Nay, nunca la vi tan enamorada).

      Un besazo!!!!

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  2. Son preciosos, Blacky se iba a poner muy contento jugando con ellos

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    1. Gracias, Virginia!!! Jajajajaja, seguro que harían "equipito malhechor" entre los cuatro!! :P

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